martes, 12 de septiembre de 2017

«MUJERES LIBERTARIAS DE ZARAGOZA. EL FEMINISMO ANARQUISTA EN LA TRANSICIÓN», DE LAURA VICENTE



MUJERES LIBERTARIAS DE ZARAGOZA 

El feminismo anarquista en la Transición




La Transición española (1975-1982) fue el proceso político por el que el país debía dejar atrás la dictadura del general Franco para pasar a un sistema democrático que incluía la aceptación de la monarquía. La ruptura democrática, abandonada por las fuerzas políticas mayoritarias (PSOE y PCE) de la oposición, no fue aceptada por otros sectores de la izquierda entre los que se encontraba el anarquismo.

En el complejo proceso de reconstrucción de la CNT se inscribió la aparición de los grupos de Mujeres Libres/Libertarias, grupos que trataron de enlazar con la genealogía del feminismo anarquista, actualizando sus planteamientos. Uno de esos grupos fue Mujeres Libertarias, de Zaragoza, y aquí se cuenta su "pequeña" historia.

Escribir este libro y adentrarme en una época que, como historiadora, no me interesa puesto que es muy reciente, ha sido un ejercicio de memoria personal que he compartido con algunas mujeres que formaron parte del grupo. La memoria es en realidad una representación del pasado que se construye en el presente, resulta de un proceso en el que interactúan varios elementos, cuyo papel, importancia y dimensión varían según las circunstancias. Las personas cambian, sus recuerdos pierden o adquieren importancia nueva según los contextos, las sensibilidades y las experiencias acumuladas.

Laura Vicente

Este librito, de poco más de cien páginas lo ha editado una editorial libertaria alternativa, Calumnia, que solo distribuye a demanda a librerías como La Malatesta de Madrid, La Pantera Rosa de Zaragoza o La Ciudad Invisible de Barcelona. El precio del libro es 7,5 €.

Si alguien está interesado en recibirlo, podéis pedirlo y os lo envían a través de este correo: info@calumnia-edicions.net

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Laura Vicente ha publicat els llibres Sindicalismo y conflictividad social: Zaragoza, 1916-1923 (Institución Fernando el Católico, 1993); Teresa Claramunt (1862-1931): pionera del feminismo obrerista anarquista (Fundación de Estudios Libertarios "Anselmo Lorenzo", 2006)Historia del anarquismo en España: utopía y realidad (Libros de la Catarata, 2013); i Mujeres Libertarias de Zaragoza. El feminismo anarquista en la Transición (Calumnia Edicions, 2017)

lunes, 11 de septiembre de 2017

EMILI CORTAVITARTE: «EN EL 75 ANIVERSARIO DEL FUSILAMIENTO DE JOAN PEIRÓ»



En el 75º aniversario del fusilamiento de Joan Peiró

La forja de un revolucionario

Joan Peiró nació el 18 de febrero de 1887 en Sants (Barcelona). Comenzó a trabajar, aún niño, en un horno de vidrio de La Bordeta. Posteriormente, y siempre en el mismo sector, trabajó en Poble Nou y en Badalona. En 1907 se casó con Mercè Olives, obrera textil, y tuvieron cinco hijos.

Él mismo sitúa su iniciación sindical en 1906. La década siguiente asumió importantes responsabilidades: secretario general de la federación local de sindicatos de Badalona (1915-1916), secretario general de la Federación Española de Vidrieros y Cristaleros (1916-1920), director de La Colmena Obrera (órgano de los sindicatos badaloneses) y de El Vidrio (portavoz de los vidrieros federados).

Influenciado por el sindicalismo revolucionario francés (la Carta de Amiens y la CGT), mantuvo contactos con activistas de la CNT, pero no se vinculó hasta 1918, después del Congreso de Sants, donde fue elegido miembro de la comisión redactora de los estatutos de la CNT catalana.[1]

Los difíciles años veinte

En 1920, Peiró se trasladó de Badalona a Barcelona y durante tres meses vivió exclusivamente dedicado a la organización. El mismo año sufrió dos atentados, fue detenido y pasó por las prisiones de Soria y Vitoria.

En 1922 asumió la Secretaría General de la CNT y durante su gestión se celebró la Conferencia de Zaragoza, de la que destacaremos la propuesta de referéndum entre los sindicatos para decidir la permanencia o salida de la CNT de la Internacional Sindical Roja (ISR) y su adscripción a la reconstruida Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). Y la aprobación de un dictamen elaborado por Peiró y firmado también por Seguí, Pestaña y Viadiu, conocido como la moción política de Zaragoza, en el que se proclamaba la total implicación de la CNT en «los problemas morales, económicos, sociales y políticos» de la clase trabajadora. La CNT se definía como «un organismo netamente revolucionario... a la vez integral y absolutamente político puesto que su misión es la de conquistar sus derechos de revisión y fiscalización de todos los valores evolutivos de la vida nacional y... ejercer la acción determinante por medio de la coacción derivada de los dispositivos y manifestaciones de fuerza de la CNT».[2]

En agosto de 1922, Peiró se estableció en Mataró. En 1925 dirigió la constitución de la Cooperativa del Vidrio, que anteriormente había intentado organizar con un régimen cooperativista mixto.[3]

Fábrica Cooperativa del Vidrio de Mataró

Joan Peiró es el primer trabajador que parece en la izquierda de la foto.


El golpe de Estado de Primo de Rivera situó a la CNT en la clandestinidad. Peiró fue enviado a prisión en 1925, 1927 y 1928 y fue nombrado nuevamente secretario del Comité Nacional de la CNT entre 1928 y 1929.

Durante esta etapa se elaboraron algunos de los elementos claves de su pensamiento sindical, social y político: los sindicatos eran organismos de clase; el anarquismo no podía regular el funcionamiento de la CNT; era necesaria una transformación de la Confederación, «de la que sólo queden en pie la substancialidad de los principios y procedimientos del sindicalismo revolucionario»; el sindicalismo había de basarse en la defensa de los intereses de los trabajadores y en el establecimiento de la solidaridad de clase y constituía «la fuerza que derribe a la sociedad capitalista y el medio por el cual se articulará el mecanismo de la producción». Para no caer ni en el reformismo ni el corporativismo era necesaria la influencia, sin imposición, del anarquismo: «queremos la anarquización del sindicalismo y de las multitudes proletarias, pero mediante el previo consentimiento voluntario de éstas y manteniendo la independencia de la personalidad colectiva del sindicalismo».[4]

Se opuso a la legalización de los sindicatos confederales mediante la aceptación de los jurados mixtos, oponiéndose a «cuanto significara reformismo» y para «evitar el olvido completo de los principios y normas de la CNT... con vistas al mañana». Esta postura le llevó a una fuerte crítica de la actuación colaboracionista de la UGT y un duro ataque a Pestaña, con el que compartía otras posiciones, que provocó la dimisión del Comité Nacional de la CNT y frustró cualquier maniobra de aceptación de los comités paritarios de la dictadura.

República y escisión

Peiró mantuvo contactos con las fuerzas opositoras a la dictadura y a la monarquía. En 1930 firmó el manifiesto de «Inteligencia Republicana», pero un alud de críticas internas le lleva a retirarla e incluso a plantearse su retirada de la vida pública. El mismo año fue nombrado, por un pleno de sindicatos, director de Solidaridad Obrera.[5]

Desde diferentes publicaciones (Despertad, Acción, Mañana, Solidaridad Obrera) defendió la estructuración de los sindicatos en federaciones de industria: en el presente, para enfrentarse en mejores condiciones a la concentración industrial y a las organizaciones patronales; en el futuro, las federaciones se responsabilizarían de las complejas tareas de la producción en la revolución social.

En el Congreso Extraordinario de la CNT (Madrid, junio de 1931) se consiguió un apoyo masivo a las federaciones de industria frente a las tesis de quienes defendían modelos organizativos únicamente territoriales.

En agosto de 1931, Peiró firmó junto a otros 29 destacados militantes de la CNT (Pestaña, López, Gibanel, Alfarache, Piñón...) el «Manifiesto Trentista». En él se hacía una descripción de la situación económica y social a la que se califica de «honda tragedia colectiva» y se acusaba al gobierno republicano de haberse «colocado en situación contemplativa cuando se ha tratado de mermar privilegios, de destruir injusticias...»; para, posteriormente, criticar una visión minoritaria, simplista y espontánea de la revolución, reclamarse «revolucionarios, sí; pero no cultivadores del mito de la revolución», «...la Confederación es una organización revolucionaria, no una organización que cultiva la algarada, el motín... el culto de la violencia, de la revolución por la revolución».[6]

En el pleno de la CNT catalana (Sabadell, abril de 1932) se provocó la salida de los sindicatos sabadellenses de la CNT, la dimisión de Pestaña del Comité Nacional y la de Mira como secretario del Comité Regional. A finales de 1932 se constituyó la Federación Sindicalista Libertaria y durante 1933 se fueron añadiendo a esta escisión los llamados sindicatos de oposición. Peiró participó en este proceso, pero nunca en responsabilidades destacadas y siempre buscando puntos de retorno. Sus principales actividades se centraron en sus escritos en Cultura Libertaria y Sindicalismo y en su dedicación a la cooperativa del vidrio de Mataró. En 1935, formuló una serie de condiciones mínimas para la reunificación.[7] Ésta se produjo en 1936.

Revolución y guerra: de la cooperativa al ministerio

En julio de 1936 asumió una vicepresidencia del Comité Antifascista de Mataró. Entre agosto y octubre denunció en diversos medios (Solidaridad Obrera, Llibertat) la irresponsabilidad de los grupos incontrolados y sus prácticas que deshonraban la Revolución.[8]

También expuso sus opiniones sobre la necesidad de un esfuerzo económico de guerra basado en el control sindical de la producción y en la eficiencia del proletariado; de un mando único (sin discriminación de los diferentes sectores ideológicos de las milicias) y de la «profesionalización» de la guerra; y de la entrada de la CNT y de la FAI en los gobiernos de Catalunya y de España, para evitar actuaciones contrarias a los intereses futuros de la clase obrera y para afirmar la posición de la CNT y su papel en el triunfo sobre la sublevación militar. Igualmente, planteó una República Social Federal como forma de gobierno para la etapa posterior a la guerra.[9]

Fue uno de los cuatro ministros de la CNT (junto a García Oliver, Montseny y López) en el Gobierno de Largo Caballero. Desde el Ministerio de Industria ideó un decreto de incautaciones y de intervención en la industria y la minería. No se trataba de una nacionalización, el gobierno republicano colaboraba en la gestión que era responsabilidad de las organizaciones sindicales y respetaba los procesos de colectivización. También proyectó la creación de un banco de crédito industrial que redistribuyese los beneficios de determinadas empresas para cubrir déficits de empresas necesarias y nuevas inversiones. La oposición sistemática de Negrín, ministro de Hacienda, retrasó sus proyectos o los dejó reducidos a determinados sectores (textil, minas de Puertollano y Peñarroya).

La crisis de mayo de 1937 en Catalunya provocó la salida de la CNT de los gobiernos de la Generalitat y la República. Peiró retornó a su trabajo, dio conferencias sobre su actividad gubernamental[10] y publicó una serie de duros artículos contra el PSUC y el PCE a los que acusaba de la persecución del POUM y de ampararse en la unidad antifascista para extender su influencia. En agosto, se hizo cargo de la dirección del Catalunya, vespertino en catalán de la CNT.
En abril de 1938, la CNT entró de nuevo en el gobierno republicano y fue nombrado comisario general de Energía Eléctrica. En aquella época, Peiró preparaba un libro sobre la más adecuada gestión de los recursos económicos de España. Sus artículos recogen la crítica a las nacionalizaciones de las empresas, excepto algunas de carácter estratégico, y su defensa de las colectivizaciones como forma de que los trabajadores realizaran las tareas de gestión y dirección de la producción.[11]



En los últimos meses de la guerra, sus escritos combatían el derrotismo y alertaban sobre el quintacolumnismo e iniciaban a una revisión del anarcosindicalismo desde la reciente experiencia de la revolución y la guerra.[12]

Exilio, detención y entrega al régimen franquista por la Gestapo

Atravesó la frontera francesa el 5 de febrero de 1939, acompañado de su hijo Josep. Tras unos días de detención y una corta estancia en Perpinyà, se reencontró con el resto de su familia en Narbona. Posteriormente se trasladó a París para representar a la CNT en la Junta de Ayuda a los Refugiados Españoles (JARE). La función de Peiró fue la de sacar de los campos de concentración franceses a refugiados de la CNT, auxiliarlos y procurarles el viaje a México.
A pesar de que era consciente de que la invasión nazi impediría nuevas partidas, no tomó el último avión hacía México y permaneció en Francia para no abandonar ni a los exiliados ni a su familia.

En la huida de París hacia Narbona fue detenido por las tropas alemanas y conducido de nuevo a la capital. La policía francesa, para evitar su caída en manos de la Gestapo, le entregó una orden de expulsión del país. Fue detenido nuevamente, entregado a las tropas nazis, y trasladado a Tréveris (Renania).[13]

En enero de 1941, el Ministerio de Asuntos Exteriores franquista, dirigido por Serrano Súñer, inició los trámites de extradición. El 19 de febrero, Peiró fue entregado a las autoridades franquistas en Irún. Como en otros casos, se trataba de una simple entrega de indeseables entre dos regímenes aliados.[14]

Consejo de guerra y fusilamiento

Peiró pasó primero por la Dirección General de Seguridad de Madrid, donde fue sometido a interrogatorios y malos tratos. Su primera exculpación, basada en su oposición a las brigadas de control y su defensa de determinadas personas ante los consejos de tribunales revolucionarios, fue confirmada por la policía de Barcelona. No obstante, el delegado de información de FET y de las JONS de Mataró le acusó por omisión de crímenes y robos.

El proceso fue aplazado de manera excepcional, no acostumbraban a pasar más de dos meses entre la entrega y la sentencia condenatoria. Fue trasladado, en abril de 1941 a Valencia. Hasta diciembre no se abrió el proceso sumarial. Esta tardanza parece que tuvo relación directa con los intentos de una parte del régimen de convencerlo para que asumiera la dirección de los sindicatos franquistas. Su negativa aceleró el proceso. El fiscal formuló sus acusaciones en mayo de 1942, el defensor militar de oficio fue nombrado en junio y el 21 de julio se pronunció sentencia.

En el juicio militar, declararon a favor de Peiró una serie de personas vinculadas a los vencedores. De nada sirvieron, la Falange de Mataró aumentó el tono de las acusaciones y el fiscal incluso le hizo responsable de la Semana Trágica de 1909. La sentencia fue pena de muerte y no tramitación expresa de propuesta de conmutación. El 24 de julio, Peiró —junto a otros seis cenetistas— fue fusilado en el campo de tiro de Paterna.[15]

75 aniversario

En 1989, por expreso deseo de su familia y después de múltiples gestiones, los restos mortales de Joan Peiró fueron trasladados al cementerio viejo de Mataró, donde reposan junto a los de su compañera. Desde entonces, cada 24 de julio, la CGT, otras organizaciones sindicales, ciudadanas y políticas y muchas personas participan en el acto de homenaje en dicho cementerio.

Este año, con motivo del 75 aniversario, se ha constituido una comisión ciudadana en Mataró que organiza todo una serie de actos, conferencias, espectáculos y reconocimientos diversos.[16]
En paralelo, en Sants y Badalona, sus respectivas comisiones de memoria histórica, organizarán también eventos en recuerdo de Peiró. La Fundación Salvador Seguí participa activamente en todas estas iniciativas.
Emili Cortavitarte Carral


Publicado en Rojo y Negro, julio-agosto de 2017 

Notas:



[1]Gabriel, Pere: Joan Peiró. Escrits 1917-1939, Edicions 62 (Barcelona, 1975), pp. 7-12.
[2] Buenacasa, Manuel: El movimiento obrero español 1886-1926, Ediciones Júcar (Madrid, 1977), pp. 83-90.
[3] Colomer, Margarida: Cooperativisme i moviment obrer; Editorial Alta Fulla (Barcelona, 1986).
[4] Trayectoria de la Confederación Nacional del Trabajo, editado en Mataró en 1925. También, en Gabriel, P.; pp 17-18 y 63-109.
[5] Tavera, Susanna: Solidaridad Obrera (1915-1939), Diputació de Barcelona (Barcelona, 1992), pp 50-57.
[6] Vega, Eulàlia: El trentisme a Catalunya, Curial (Barcelona, 1980), pp 255-260.
[7] Vega, Eulàlia: Entre revolució i reforma. La CNT a Catalunya (1930- 1936), Pagès Editors (Lleida, 2004).
[8] Peiró, Joan: Perill a la reraguarda, Editorial Alta Fulla (Barcelona, 1987).
[9] Gabriel, P., pp. 27-28 y 495-514.
[10] Se publicó un folleto con el título De la fábrica de vidrio de Mataró al Ministerio de Industria, Ediciones de la Comisión de Propaganda y prensa del Comité Nacional de la CNT, (Valencia, 1937) .
[11] Gabriel, P., pp. 30-32 y 515-559.
[12] Problemas y cintarazos, su última producción, se imprimió en Rennes en 1946.
[13] Peiró Olives, José: Juan Peiró, teórico y militante del anarcosindicalismo español, Foil (Barcelona, 1978), pp. 79-97.
[14] Balcells, A., pp. 215-220.
[15] Balcells, A., pp. 220-251.
[16] www.cooperadorsdemataro.coop/joanpeiro/